Los hechos de violencia ocurridos en el país entre los años 1980 y el 2000 han causado grandes efectos y graves secuelas en la sociedad peruana. A raíz de los sangrientos acontecimientos por los que pasó nuestro país, es que el gobierno transitorio de Valentín Paniagua crea en julio del 2001 La Comisión de la Verdad, encargada de averiguar estos hechos de violencia ocurridos durante el conflicto armado interno, siendo su responsabilidad señalar los autores de los crímenes y proponer iniciativas para promover la paz y la reconciliación entre todos los peruanos. Meses más tarde, el Presidente Alejandro Toledo el 4 de noviembre del mismo año, amplía su denominación a Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).
Las secuelas, según la CVR son los efectos perjudiciales producidos por las acciones de la violencia que han destruido, han dañado las condiciones físicas, sociales y psicológicas de la vida colectiva al igual que la integridad personal de toda una sociedad.
Sin duda alguna analizar las secuelas del conflicto armado interno constituye un proceso complejo, porque, si bien la violencia política produjo una serie de consecuencias, ya existía en nuestro país una situación a la que se puede llamar violencia estructural. Es decir que, antes de la violencia la mayoría de la población se veía sometida a condiciones de vida infrahumanas, a la exclusión y a la discriminación.
La Comisión de la Verdad y Reconciliación, por tal clasifica a las secuelas en tres grandes categoría: secuelas psicosociales, económicas y sociopolíticas; sin embargo en la realidad se entremezclan.
Por eso en la vida de muchos peruanos, principalmente en los más pobres o quienes viven en zonas alejadas y olvidadas, las secuelas del conflicto armado interno son muy grandes y dolorosas.
Sería ilusorio creer que solamente una parte de de la población está marcada por dichas secuelas, ya que en realizad estas se encuentran presentes en nuestra sociedad como un conjunto enturbiando nuestra vida personal y colectiva.
Sin embargo, la población demostró una gran capacidad de resistencia y respuesta, lo que contribuyó a la derrota de los grupos subversivos y a la recuperación de la democracia, constituyendo una fuente de recursos y capacidades para construir una sociedad más justa.
Si queremos lograr eso, debemos involucrarnos en la situaciones que vivieron aquellas personas víctimas del terrorismo, donde las marcas que han quedado en ellas están impregnadas siendo difíciles de borrar. Trabajemos para que su mundo olvide aunque sea un momento esa tragedia que les causa tanto daño